Envejecido durante 38 meses en barricas de roble francés de Allier. Embotellado en julio de 2019.
A la vista presenta un color rojo profundo, brillante y bien definido, reflejo de su elevada concentración y cuidada evolución.
En fase aromática destaca por su profundidad y equilibrio. La fruta madura aparece integrada con notas balsámicas, especias dulces y sutiles recuerdos tostados, con matices de cacao, vainilla y fondo mineral, resultado de una crianza pausada y bien ensamblada.
En boca se muestra amplio, estructurado y elegante. La acidez, perfectamente integrada, aporta frescura y tensión, equilibrando un cuerpo sólido y bien armado. El paso es envolvente y sedoso, con taninos pulidos y un final largo, persistente y armónico, que deja una sensación de plenitud y equilibrio.
Es un vino concebido para la guarda, que combina potencia y finura, fiel expresión de su origen y del respeto por una elaboración poco intervencionista, pensada para preservar la identidad del viñedo y la nobleza de cada variedad.